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Me parece fundamental resaltar el principio de igualdad y no discriminación por razones de edad, ya que en muchas ocasiones la sociedad subestima o limita a los adultos mayores solo por el hecho de envejecer.
en el ámbito del cuidado domiciliario, yo considero que mis acciones deben estar orientadas, en primer lugar, a reconocer la autonomía y dignidad del adulto mayor. es decir, no tomar decisiones por ellos sin consultarles, sino involucrarlos activamente en lo que tiene que ver con su cuidado y su vida diaria. Escuchar sus opiniones y respetar sus preferencias es una forma concreta de aplicar la, ley.
también creo que es clave evitar cualquier trato discriminatorio o paternalista, porque muchas veces se tiende a pensar que “ya no pueden” o que “no entienden”, cuando en realidad siguen teniendo capacidades, saberes y experiencias valiosas que deben ser reconocidas.
otro aspecto importante es proteger sus derechos en el día a día: garantizar su intimidad, su seguridad, su bienestar físico y emocional y estar atenta a cualquier tipo de maltrato, ya sea físico, psicológico, económico o incluso por negligencia. en este punto considero esencial trabajar de la mano con la familia, orientándola para que comprenda que el cuidado no solo es una tarea práctica, sino también un compromiso ético y humano.
finalmente, pienso que aplicar esta ley en el hogar implica mirar al adulto mayor como lo que es: un sujeto de derechos, con la misma dignidad y valor que cualquier persona, y no únicamente como alguien dependiente que necesita asistencia. si logramos que el cuidado en el domicilio este guiado por el respeto, la empatía y la inclusión, estaremos realmente cumpliendo con el espíritu de esta convención y con la protección de sus derechos.
